Ni bien me desperté miré la hora. 9:30 am de un sábado fresco y cielo semi abierto. Llamé por teléfono a Hijo 1 cinco veces. No logré que me atienda ninguna. Me llamó al rato y me dijo que lo había despertado mi insistencia. Le avisé que empezara a vestirse, en veinte lo pasábamos a buscar con mi hermana.

Mi casa estaba dada vuelta. Mientras esperaba que me busquen, me puse a levantar toda la ropa tirada en el piso con un solo objetivo: Asegurarme que nada interrumpa el trabajo metódico que hace Chipita cuando barre y pasa la mopa…


Vas a aguantar dos semanas sin higienizarlos. Es importante que me hagas caso en la unidad temporal que te menciono. No es antojadiza, lo estudié durante varios años: Las glándulas ceruminosas tardan quince días en recubrir la superficie inferior del conducto auditivo con una sustancia espesa, pegajosa y de color carmesí denominada cerumen. Su remoción por medio de un hisopo tiene el potencial de placer de un orgasmo, no exagero, de esos que vos y yo sabemos que no tan a menudo atraviesan nuestro cuerpo.

Quiero subrayar el término potencial ya que la tarea requiere de cierta pericia e instrumentos…


Enojado.

Hijo dos está enojado, muy enojado. Pa, yo quería tener un ahijado, me dijo hace unos días. Una de esas ternuritas de primer grado y este año no voy a poder apadrinar a nadie. Hijo dos, con un metro setenta y cinco y solo 12 años, quería sentirse el más grande de la escuela porque es el más chico de la casa.

Me di cuenta en esta cuarentena que Hijo dos no perdió una rutina, perdió un ritual: ir a la escuela. Entendí que la lucha de despertarlo a la mañana era la ceremonia para iniciar nuestra caminata en silencio…


Me levanté cinco y cincuenta para ir al baño. Tenía una llamada perdida de mi hermana a las cuatro y trece de la madrugada. Tres minutos más tarde figuraba su mensaje de texto “Fede, que acaban de llamar que mamá para decirme que ya es 100% energía”. Me costó unos segundos descifrar lo que me estaba diciendo. Que acaban, que mamá, que ya es 100% energía. Mi hermana tartamudeaba por escrito; no pudo poner la palabra muerta al lado de mamá. Ni bien le devolví el llamado me dijo que no me preocupara. Su pareja iría a hacer el reconocimiento…


Vos nunca supiste que eras coleccionista de tazas. Solo pensás que es un fetiche más de esos que se pierden con el paso del tiempo. Todas están perfectamente clasificadas. No es que sean tantas, pero hay una en particular que tiene su propia historia.

Cuando te mudaste a vivir sola, te llevaste de la casa de tu mamá una de las últimas tazas que sobrevivieron de la colección Berså de Stig Lindberg. Sin su ilustración de hojas verdes y tallo negro sobre fondo blanco podría parecer una taza de cerámica cualquiera. En el mejor de los casos de un juego…


A mi vieja no la extraño, pero siento su ausencia. Con mi viejo me pasa exactamente lo mismo con la salvedad que él no está muerto. Algunos años atrás me di cuenta que desde chico me trató como un adulto. Cuando se lo dije en uno de nuestros almuerzos asintió con la cabeza — Vos debés creer que no te quiero-. Con los años acepté que es un tipo rústico, con la sensibilidad de un azulejo roto; él está roto.

Diez meses atrás hice percha el coche; inservible quedó. La aseguradora no me cubrió nada, el arreglo salía un billete…


Tenía mucho miedo, jamás lo había sentido tan intenso. Temblaba en la cama, me acurruqué, me hice bolita con las sábanas y la frazada de Pinocho. En un momento de lucidez recordé que en el colegio nos habían enseñado a protegernos del bombardeo. No tenía un pupitre que oficiara de techo; decidí meterme debajo de la cama para dormir con más protección. Me resultó imposible relajarme con las explosiones ocasionales de fondo. La guerra de la que tanto se hablaba en aquel momento había llegado a mi casa. No podía distinguir qué sonidos eran más fuertes: los que se escuchaban…


Doce y cuarenta y tres del medio día, del sábado dos de mayo de dos mil veinte. Vamos por el día mil de aislamiento. Punto y coma. Al menos yo lo siento así. En mi tiempo muerto agarro el celular y comienzo a ver Instagram (podríamos discutir que es tiempo muerto en cuarentena pero me da fiaca). Nicolás me muestra en su story lo grande, frondoso y arbolado que es su jardín mientras suenan de base unos pío pío. Es cierto que él no me lo muestra exactamente a mí. Para ser más preciso lo comparte con todas las personas…


Foto de Engin Akyurt en Pexels

Según Wikipedia, La guerra de los mundos fue escrita por G.H. Wells en 1898. La novela de ciencia ficción, no la leí. En 2005, me enganché bastante con la peli dirigida por Spielberg y protagonizada por Tom Cruise. Termina con la voz en off de Morgan Freeman diciendo “Desde el momento en que los invasores llegaron, al respirar nuestro aire y beber nuestra agua estuvieron condenados. Fueron derrotados y destruidos luego que el hombre usara su mejor tecnología y armamento por las criaturas más diminutas que dios, en su sabiduría puso en esta tierra. Mil millones de muertos hicieron que…


¿Soy lindo? le pregunté al espejo mientras lavaba el baño con una solución lavandinosa. No me respondió; volví a insistir ¿Soy lindo?. Creo que se hizo el interesante ya que solo me devolvió una imagen. Era un hombre maduro, casi de cincuenta con una alopecia irreversible, afeitado al raz para disimularlo. Su fisonomía era delgada, como si en el último año hubiera bajado 15 kilos por dejar de manera abrupta las harinas y el azúcar refinada. Su cara tenía algunas arrugas y unas pocas canas en su barba tupida. Portaba un gesto intimidante y falso; frágil como la máscara de…

Feketreke

Administro caprichos ajenos y funciono por asociación de ideas.

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